El frío en personas mayores es un problema más considerable que en edades previas, por razones varias que es preciso conocer. Hay que tener muy presente que la percepción de las temperaturas y la propia temperatura corporal tiende a cambiar con los años, y más cuando se trata de edades avanzadas.

En la tercera edad, la temperatura del cuerpo es más baja que en espectros previos de edad o en etapas anteriores de la vida, sencillamente porque nuestro cuerpo está experimentando una serie de cambios y evoluciones fisiológicas que inciden en cómo vivimos el entorno.

Síntomas del frío en personas mayores

Las personas ancianas sufren más frío que las demás edades por varias razones que es preciso desglosar aquí para que podamos conocerlas:

  • La fundamental razón de las bajas temperaturas corporales de la persona mayor estriba en los decisivos cambios que con los muchos años se ocasionan en el metabolismo basal. Este consiste en la aportación energética básica para que cada célula del organismo humano subsista y puedan así llevarse a cabo funciones primordiales del cuerpo tales como la respiración. La tasa metabólica, es decir, el valor energético necesario para la realización de las funciones metabólicas, va disminuyendo con la edad, y ello repercute lógicamente en termorregulación corporal, y, por lo tanto, en las temperaturas del cuerpo. Es por ello, que, después de los 60 años, los hombres necesitan consumir unas 487 kilocalorías diarias, y las mujeres, unas 596.
  • Otro aspecto fundamental de este cambio térmico se cimenta en la alteración de los sensores o receptores de temperatura de la piel, que no funcionan ya en edades provectas como en anteriores épocas del devenir vital.
  • A todo ello cabe agregar que la piel adelgaza con el tiempo, y además tiende a secarse. Todo ello igualmente desencadena consecuencias en el mayor frío en personas mayores.
  • También la medicación o polimedicación (si se han tomar varios fármacos distintos por múltiples dolencias o problemas de salud) puede contribuir a incrementar el frío en los ancianos.

Con todo ello es necesario guardar mucha cautela, pues las bajas temperaturas del cuerpo de las personas ancianas pueden ser fuente de problemas de salud, algunos incluso, con derivaciones más o menos graves, si no sabemos prevenirlos y tratarlos adecuadamente. Los síntomas son los siguientes:

  • Temblores, escalofríos.
  • Disminución de la frecuencia de los latidos cardíacos y de la frecuencia de la respiración.
  • Mayor torpeza en los movimientos.

Cuando los termómetros descienden es cuando hay que ser más precavido ante la adversidad vírica. Los agentes infecciosos atacan más y con mayor saña en las temporadas de cierta gelidez: de ahí la proliferación epidémica de resfriados y gripes a partir del otoño.

Los síntomas del frío en ancianos, además, puede producir, secuelas de consideración en las personas de avanzada edad:

  • Hipotermias, que pueden incluso conllevar la mortandad de muchos de los que las padecen.
  • Enfermedades que pueden convertirse en crónicas, tales como las complicaciones de la gripe (neumonías y otras).
  • Lesiones cutáneas, que pueden ocasionarse en temperaturas a bajo cero, fundamentalmente a causa de coágulos sanguíneos.

Consejos para prevenir las bajas temperaturas

Las personas provectas necesitan, pues, de especiales precauciones ante la intemperancia térmica. Así por ejemplo:

  • El anciano ha de cubrirse con varias capas de abrigo, por su mayor exposición a los rigores térmicos de la temporada fría.
  • Además, se deben usar guantes. Debe evitarse el contacto directo de la piel del anciano con las bajas temperaturas, máxime cuando se hallan a bajo cero.
  • También se recomienda para las personas de avanzada edad el uso de calzados de suela antideslizante, puesto que en el invierno se incrementa el índice de caídas de los ancianos.

Por lo tanto, el frío en las personas mayores puede y debe ser prevenido para preservar una mejor salud de los ancianos y mantener una vida saludable y sin complicaciones innecesarias y peligrosas.